La Casa Amarilla

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Después de tres semanitas con el escaparate de La Casa Amarilla tomado hemos dejado la obra que no se ha adquirido dentro de esta singular tienda de arte malagueña.

Ha sido estupendo colaborar con ellos y espero que podamos hacer más cosas juntos próximamente.

Aquí os dejo unas fotitos de recuerdo. ¡Qué penita me dio retirar el escaparate!

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el último amor

El último amor

I

Amor mío, amor mío,
Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo.
Y acaba de irse aquella que nos quería. Acaba de
salir. Acabamos de oír cerrarse la puerta.
Todavía nuestros brazos están tendidos. Y la voz
se queja en la garganta.
Amor mío…
Cállate. Vuelve sobre tus pasos. Cierra despacio
la puerta, si es que no quedó bien cerrada.
Regrésate.
Siéntate ahí, y descansa.
No, no oigas el ruido de la calle. No vuelve. No
puede volver.
Se ha marchado, y estás solo.
No levantes los ojos para mirarlo todo, como si en
todo aún estuviera.
Se está haciendo de noche.
Ponte así: tu rostro en tu mano.
Apóyate. Descansa.
Te envuelve dulcemente la oscuridad, y
lentamente te borra.
Todavía respiras. Duerme.
Duerme si puedes. Duermes poquito a poco, deshaciéndote,
desliéndote en la noche que poco a poco te anega.

¿No oyes? No, ya no oyes. El puro
silencio eres tú, oh dormido, oh abandonado,
oh solitario.
¡Oh, si yo pudiera hacer
que nunca más despertases!

II

Las palabras del abandono. Las de la amargura.

Yo mismo, sí, yo y no otro.
Yo las oí. Sonaban como las demás. Daban el mismo
sonido.
Las decían los mismos labios, que hacían el mismo
movimiento.
Pero no se las podía oír igual. Porque significan:
las palabras
significan. Ay, si las palabras fuesen sólo un suave
sonido,
y cerrando los ojos se pudiese escuchar en el sueño…
yo las oí. Y su sonido final fue como el de una
llave que se cierra.
Como un portazo.
Las oí, y quedé mudo.
Y oí los pasos que se alejaron.
Volví, y me senté. Silenciosamente
cerré la puerta yo mismo, sin ruido.
Y me senté. Sin sollozo.
Sereno, mientras la noche empezaba.
La noche larga. Y apoyé mi cabeza en mi mano.
Y dije…

Pero no dije nada. Moví mis labios. Suavemente,
Suavísimamente.
Y dibujé todavía
el último gesto, ese
que yo ya nunca repetiría.

III

Porque era el último amor. ¿No lo sabes?
Era el último. Duérmete. Calla.
Era el último amor…
Y  es de noche.

VICENTE ALEIXANDRE

Are we human?

Cuando Nando me escribió proponiéndome participar en su nuevo proyecto expositivo “Ciencias Naturales” que tenía previsto para el 25 de marzo, en pleno inicio de los primeros verdores del año, me vinieron a la mente los cuadernos de campo de aquellos viejos biólogos y pensé “¿qué demonios tiene que ver la naturaleza con la temática de mi obra?”.

Más tarde, el mismo día, me puse a leer el Bestiario Medieval donde cuentan que el onagro, asno silvestre y montaraz, con su increíble y escalofriante roznido, anuncia cada primavera el 25 de marzo rebuznando doce veces.
Sigo leyendo. El mono, identificado como el diablo, personificado de alguna manera, orina doce veces también el 25 de marzo proclamando así el equinoccio.
Empezando por la ancestral zoolatría y terminando en la moderna etología, el ser humano ha estado muy ligado a los animales relacionando el comportamiento de ambos. Ha sentido la necesidad de delegar en ellos la enunciación de sus esquemas mentales de juicio, por ejemplo, en las fábulas, proyectando en ellas el pensamiento filosófico empírico de un pueblo. Desde el griego “Fisiólogo”, pasando por la “Historia Natural” de Plinio el Viejo, hasta modernos bestiarios como el de Borges, se ha venido ilustrando el mundo natural. 
Entonces empiezo a pensar en las figuras que pueblan mi obra, a veces acompañadas de animales, otras veces figuras de animales antropomórficos y veo al onagro con cuerpo de hombre rebuznando el 25 de marzo, día de la inauguración del group show “Ciencias Naturales”, y lo dibujo rápidamente en un papel de acuarela. Tras ello me salen de las manos rápidamente sirenas; unicornios y elefantes cazados por dos muchachas vírgenes que los seducen con sus encantos; leones que copulan con mujeres salvajes; mujeres salvajes, emulando a las serranillas del Marqués de Santillana, que acosan a ingenuos pastores; mujeres fecundadas por axolotes; cigüeñas castrando con su enorme pico a maridos infieles,… en fin, un bestiario particular que he desplegado en más de una treintena de bocetos y dos grandes murales de papel.
La relación con los animales, es a menudo, casi el único nexo de unión que aún nos queda entre la ciudad y el campo, la cultura y la naturaleza. Y la inclusión de los animales y vínculo peculiar que en esta obra tienen con el ser humano es el argumento de mi proyecto para esta exposición.

​PROYECTO: “Are we human?”, de Susi Márquez

OBRA: Acuarela sobre papel (alrededor de 30 bocetos tamaño 50×70 cms y dos murales de 100×400 cms)